Pedacitos de luna

Recuerdo el día en el que alguien dejó esa puerta abierta. Había una luz al final del pasillo. Tenue, plomiza, pero una luz. Llevaba demasiado tiempo encerrado en mi cubículo como para desaprovechar la oportunidad de conocer qué es lo que había fuera. Allí había vivido bien, sí, el entorno era cálido, me alimentaban a diario y siempre tenía compañía; sin embargo me faltaba algo. Creo que necesitaba avanzar hasta un nivel superior.

Ese día, estoy seguro de que era un jueves, la puerta se abrió. Esta vez no fue para dar paso a otros como yo, sino para permanecer entreabierta durante horas. Muchas veces me había preguntado cómo sería el mundo ahí fuera, y ahora podía comprobarlo por mí mismo.

Avancé temeroso entre las sombras expectantes, atravesando otros cubículos, cada uno de un tamaño diferente al anterior. Algunos de sus habitantes llevaban allí años, otros acababan de llegar, los había enormes y diminutos, pero ninguno se parecía a mí.

Seguí de frente, hacia lo desconocido. Según iba avanzando, la luz se iba haciendo cada vez más brillante. Entonces empecé a flotar. Una fuerza sobrenatural me elevaba e impulsaba, grácil y elegante, hasta el fulgor destellante del círculo perfecto. Me cegó por completo y no pude ver cómo… ¡Paf! Me había quedado pegado justo al lado de una mujer desdibujada.

– ¿Qué ha pasado? ¿Qué es esto?-, le pregunté asustado.

– Vaya, otro novato.

La verdad, no me esperaba una bienvenida con guirnaldas y orquesta, pero tampoco aquella hostilidad.

– No te preocupes, te despegarás en cuanto tu dueña te haga realidad-, me soltó de golpe.

– ¡Pero yo ya soy una realidad!-, protesté.

– No te equivoques. Estás aquí como el resto, creciendo para convertirnos en la mayor de las sonrisas de alguien. Eres un sueño, como todos nosotros, y acabas de llegar a casa. Mira -prosiguió-, allí está Conocer París, un poco más allá tienes a Pony Blanco y, junto a ella, Aprobar Selectividad. Yo soy Vestido de Novia, una veterana.

Vestido de Novia me explicó que todos los sueños tenemos que recorrer un camino muy largo hasta hacernos realidad y, mientras tanto, cumplimos la mayor de las misiones para que los humanos sigan generando nuevas ilusiones. Nacemos en su cabeza y vivimos allí hasta que estamos maduros. Entonces alguien abre la puerta y nos convertimos en pequeños pedacitos de luna. Tenemos que permanecer muy juntos para adherimos bien y no caer de nuevo a la Tierra. Así hasta formar, entre todos, el círculo perfecto, lo que ellos llaman luna llena, la magia que permite que nos convirtamos en realidad.luna-llena

Cada vez que uno de nosotros se convierte en un hecho, se desprende de la luna y busca una nueva ubicación, en otra mente, en otro cuerpo. Y la gran lentejuela reluciente se va vaciando por completo.

Yo me caí ayer. Supongo que mi dueña por fin ha conseguido Recorrer Australia, pues así es como me llamo. Me han dicho que tengo que ocupar otro cubículo, esta vez en la cabeza de un hombre moreno al que llaman H. Sólo tiene una inicial y es muda, pero, como yo, no necesita más nombres para saber que realmente existe. Porque ahora se que los dos seremos parte de la próxima luna llena.

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